La raspa
La mujer de la cabeza de piedra no saluda a nadie en el portal, ni en la escalera, ni siquiera en el ascensor.
Siempre está dispuesta, sin embargo, a ayudar con las bolsas de la compra o a bajar la basura.
Cuando esto ocurre, aprovecha un momento de despiste para robar algo de las bolsas, le da igual que sea de la compra o de la basura, robar un kilo de arroz o una raspa de sardina.
En realidad prefiere la raspa.
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